Traducciones

La ex de Ramiro.

Desde nuestra imperfecta reunión hace unas cuantas noches, parece que mi relación con Ramiro ha escalado un nivel más. Cada mañana me telefonea a las ocho en punto con el único fin de despertarme para que me ponga en movimiento. El día de ayer fui a su casa por invitación de su madre, una mujer simpatiquísima si me permiten decirlo. Después, mientras caminábamos por la calle le pregunté a Ramiro por qué me atormentaba de esa manera.

-¿Es que aún no lo comprendes, Mauriki? –se colocó en jarras y me miró con sus ojos de borrego-. Soy tu ángel de la guarda.

-No jodas.

-Okey, okey, es mentira. Sólo me preocupo por tu futuro. Necesitas comer más, hacer ejercicio.

-Mira quién lo dice. ¡Yo no peso 120 kilos!

La técnica de Ramiro para contrarrestar mis ataques personales me la sé al dedillo. Primero una tos que dura un minuto y luego una fingida asfixia que tengo que aliviar dando de golpecitos en su espalda.

-Está bien, Ramiro, ya, ya pasó. Perdona lo que te digo. Es que me sacas de quicio. No te comprendo. No comprendo nada de lo que intentas.

Él me ignora y se pone serio.

-Mauriki, estoy enojado por el post de la cena. Es la verdad pero también lo has falseado.

-Tengo que ser efectista. Compréndelo.



La tarde de hoy (ayer) fue peor. Tuve que acompañarlo a hacerse un tatuaje. Y después fuimos a comer tacos. Pagué la cuenta (okey, la pagó Ramiro) y como ya no había nada que esperar de mi vida ni de la suya nos fuimos a un café donde la ex de Ramiro tomaba su capuchino y mordía una dona. Se acercó, contoneando las caderas (de muy buen ver):

-Así que éste es tu amigo Mauriki –me miró de arriba abajo-. Dale de comer, por lo menos.

-Jódete, estúpida.

-No digas eso, Mauriki.

-Ramiro, ¿pero no es ella la que te rompió el corazón?

-Es ella.

-Bueno, pues que se joda.

La tipa se acercó con las manos en los bolsillos –prestos a atacar- y me miró fijamente:

-Mira tú, skinny de mierda, teporocho estúpido, retrasado, ¿sabes con quién estás hablando? Con la ex de Ramiro. Y si hay una persona en este mundo que puede insultarme ese sólo es Ramiro, porque fuimos novios y porque es un tipo que vale la pena.

-No he dicho lo contrario. Ramiro ¿nos vamos?

-Espera, Mauriki, pidamos un café y una dona.

-Acabamos de comer tacos.

-Cállate, skinny.

-Cállate tú, bruja.

-¿No vas a hacer algo, Ramiro? –lo sabía, es la típica perra.

-A ver, basta. Voy a pedir un capuchino y una dona. Luego, si quieren, podemos ir a ver esa película de Jorge Reynoso.

-Vale.

-Está bien.

Hicimos lo que Ramiro dijo. La peli estuvo buena aunque un poco inverosímil. Al final de la jornada la ex de Ramiro decidió quedarse y yo me fui a casa pensando que no estaría mal que esa perra y mi amigo volvieran. Al fin y al cabo comienzo a agotarme.

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1000 (Cena con Ramiro Ramírez)

Lo que me consuela el día de hoy en es pensar en la mística y sencillez del número mil, mi primer mil. Para un blog con menos de un mes de vida no está nada mal.

Lo que no me consuela fue mi deber para con el visitante no. 1000 que como había prometido ganaría una cena en Burger King conmigo, el autor de ¡¡BASTA YA, MAURICIO!! Para mi sorpresa no se trató de una linda chica sino de Ramiro Ramírez quien, según dijo en entrevista exclusiva, estuvo plantado en la PC esperando el momento justo de entrar a ¡¡BASTA, YA MAURICIO!! y hacerse con la cena en el Burguer. Ké miserable (ya escribo como Fanny).

A las diez de la noche mis patrocinadores me llamaron. Habíamos llegado al número mil.

-Tienes que darte prisa, Mauriki –me dijeron-. Y no olvides usar los colores del equipo.

Resulta que un equipo de tercera división (Los Sureños, equipo de fracasados) me patrocina junto con Mike y una filial de Burguer King. Me vestí la casaca, me puse los tenis (les entró el agua) y fui al Burguer dispuesto a hacer feliz a la orgullosa ganadora. La verdad esperaba que el avión de Los Sureños (un cacharro de los 60’s) hubiera traído una chica linda de Bs As o Andorra. Nada de eso. Ramiro Ramírez (120 kilos de poder) esperaba impaciente mi llegada.

-¿Seguros que llegamos a los mil?

-Seguros. Éste es Ramiro Ramírez, el afortunado ganador.

Le pedí a los chicos que apagaran las cámaras pero se negaron. La publicidad para el equipo y esas cosas. Sin más remedio tomé asiento frente a Ramiro.

-Después de esto podemos ir al Burlesque, Mauriki, a ver unas gordas en tanga –me dijo, muy ilusionado.

-¡Vete a la mierda, Ramiro, cómete tu hamburguesa!

Ramiro devoró lentamente su hamburguesa y la mía. Me dijo,c on la boca llena:

-¿Es cierto que cada mañana escribes tus post en calzoncillos?

-Algo así, Ramiro. ¿Qué hora es?

Aprovechando la coyuntura Ramiro se embutió otras dos. Lo observo bien y noto una cinta que cruza su pecho. La leyenda dice : Número 1000.

¿Acaso era esto lo que había imaginado?

Esa tarde estuve amodorrado por un terrible dolor de muelas que ni la ampicilina ni el naproxen sódico pudieron aliviar. ¿Dónde estaba la hermosa chica que compartiría conmigo una whopper doble con queso y pepinillios?

Ramiro Ramírez y yo fuimos al Burlesque, esta vez sin cámaras (No querían involucrar al equipo en esos trotes) y una mujer de noventa kilos se sentó en mis piernas lastimándome una rodilla. ¿Qué más tendré que soportar? ¿Cuántas pruebas más me esperan? Alcé un puño retador contra el cielo. Sí, soy un bloguero mártir.



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Domingo

Domingo por la mañana. Me siento mal, en principio, por esta afición mía al café instantáneo. Sé que expresa dos debilidades de mi carácter. Uno, la indolencia, dos la inestabilidad. Puede ser que al avanzar el día mi perspectiva cambie. Me acabo de asomar al refrigerador y he visto dos cervezas sin abrir. Me pregunto de quién serán y si será posible cometer un robo menor a estas alturas de la mañana. Miro por la ventana (siempre estoy mirando por la ventana) y observo el día nublado aunque cinco minutos después el sol ilumina las cortinas y me fastidia los ojos. Estoy contento porque justo cuando comenzaba a escribir esto me ha llegado el correo de mi mejor amiga. Eso libera mi conciencia. Me hace pensar en lo buenas que son las perspectivas. Estoy tan a gusto que me preparo una nueva taza de nescafé en el micro y me olvido de la cerveza. El dolor de muelas ha desaparecido. Cómo quiero a esa chica, en serio. También ha desaparecido el dolor de coxis y ahora estoy con el culo al filo de silla y me balanceo como un niño de cinco años hasta que pienso que es idiota comportarse como un niño de cinco años. Ya no más café instantáneo por este día. Pienso comenzar bien. Después voy a escribir todo lo que pueda hasta las tres o cuatro. Nada de televisión, me lo prometo. Nada de comida con exceso de grasa. Debo leer un poco, por lo menos las noticias. Es domingo y deseo tranquilidad de conciencia. No he hecho nada malo los últimos días que no sea el descuido de mi cuerpo y de mi mente. En cambio, sé de conciencias a las que no les vendría mal una visita de los cascos azules. Pero no es asunto que me importe. No soy nadie para decirlo. En un ataque de narcisismo me pregunto si llegaré a las cinco mil visitas al terminar el año. Ciao.



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melancolía

Al menos esta mañana trato de pensar en cosas positivas y establezco planes para el resto del día que sé que no cumpliré. ¿De dónde vendrá esta indolencia? Mientras voy por las calles me cuesta trabajo mirar a las personas y no preguntarme si son felices. Es una predisposición. En realidad me quiero preguntar a mí mismo si soy feliz y no sé qué responder. Lo que sucede es que esta mañana estoy particularmente nostálgico y melancólico. El día nublado me parece un símbolo. Más adelante una pareja de muchachos se vuelve la representación de uno de mis miedos. Así se va el día y me pregunto si toda esta melancolía mía no será ya anacrónica.



¿Hace cuánto que no escucho la palabra “melancolía”? Ni siquiera en las telenovelas se dice. Años atrás recuerdo que una chica podía decirme en el teléfono que se sentía melancólica o yo mismo me achacaba ese humor negro. No se dónde está, ya no somos seres melancólicos en ningún aspecto. Nuevas palabras y nuevas maneras de entender la vida se nos han impuesto. Me habría gustado vivir en los cuarenta o cincuenta y vestirme con sombrero y traje. Dice John Cheever: "Creo que eso es lo que llamamos melancólico: un ser lleno de ambiciones que no puede realizar por falta de vitalidad, sensual pero inhibido, un hombre que se unió a su esposa con un sentimiento tan arraigado de sus propias imperfecciones que se dejó dominar por ella y se volvió dependiente. Ha aquí a un hombre carente de defensas contra la soledad, carente de la vitalidad para hacerse amigos o conocer chicas en una ciudad desconocida; un hombre que, de encontrarse solo en Roma o París, se encerraría en el hotel a escribir cartas a la mujer y a los hijos. Abrumado por la soledad, decidió sorprender a la familia volviendo antes de Navidad. Su esposa lo recibió en el aeropuerto con la noticia de que se había enamorado de otro y vivía con él desde hacía tres meses. Habló sin parar hasta que él le dijo que estaba bien, que lo comprendía, y sólo le pedía que lo llevara a un hotel. Entonces ella dice: ‘¿Cómo puedes ser tan desconsiderado? Las luces del árbol están encendidas y hemos comprado regalos para ti, además, mamá, papá y los chicos te esperan.’ Y él dice: ‘Acabas de decirme que mi vida contigo y los niños se ha terminado. Acabas de decirme que yo no puedo vivir contigo. Ahora quieres que vuelva disfrazado de papá Noel. Y nunca me han gustado tus padres.’ Entonces ella responde: ‘No sabía que fueras tan cruel. No ha sido culpa mía que me haya enamorado de Henry. Fue más fuerte que yo. Actúas como si lo hubiera hecho a propósito. ¿Qué quieres que le diga a mamá y papá? No saben nada. Nos hemos pasado toda la tarde decorando el árbol sólo por ti. Te esperan, se han puesto su mejor ropa.’ Y él, que desea ver a sus hijos y las cuatro paredes de su casa, vuelve.” Mierda, mierda pinchada en un palo, esto es demasiado triste. No lo puedo soportar.



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Pequeño post

Los días comienzan a ser fríos. Cuando abres los ojos por la mañana te dan ganas de mostrarte cariñoso con los demás. Lo intentas pero luego de unas horas todo se derrumba. No hay disposición. Parece que en este país clamar por el respeto es casi casi atentar contra la idiosincrasia nacional. Lo dejas pasar. Los huesos (y sólo tienes 25) te duelen, un dolor extraño en la rodilla. Hoy al mediodía me puse a pensar en toda la gente cariñosa que he conocido. Afortunadamente es mucha. Sin embargo mi referente más verosímil e inmediato es Gonzo, el de los Muppets. Dios, cómo me entristeció verlo hace rato ser despreciado por esa asquerosa, ególatra y estúpida cerda. Abatido, Gonzo va a un enorme baúl y busca una pollita llamada Camila. Luego canta una canción triste, increíblemente triste.

Vas a la ventana, miras el mundo y te preguntas si tendrás la energía necesaria para sobreponerte. Tipos como Gonzo no se ven muy seguido. Ahora sueña que es un cantante de rock. La pregunta es: ¿cómo lo hace? ¿cómo se repone tan pronto? ¿cómo puede seguir queriendo a esa estúpida gorda? Me muero de ganas por saberlo.

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"En mí es un estilo el debatirme con el final de una novela o un relato. No he sabido solucionarlos porque no he sabido solucionar nada en mi vida"

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Pequeño Post

A los ocho o diez años una inclinación natural me llevó a pensar en muchas cuestiones religiosas. No miento. Por ende, eso me llevó a enrolarme como monaguillo, y esto último a creer que la vida era franca y propositiva. Con el paso del tiempo mi actividad como soldado del señor se afianzó tanto que fui invitado a formar parte del equipo de futbol llanero “Los Monaguillos”. ¿Qué quieren que diga? Lo usual es que nos golearan una y otra vez. Y como nos tomábamos muy en serio nuestro papel pues nos veíamos obligados a no decir palabrotas. Incluso yo me persignaba al principio de cada tiempo y elevaba una plegaria al cielo pidiendo protección. Quedamos en último lugar, o sea en el lugar dieciséis pero recibimos el reconocimiento como el equipo más disciplinado del torneo. Sí, yeah. ¿No hay una evidente contradicción en ello? Es uno de los eventos humillantes de mi niñez. Mierda. ¿Acaso no pudiste dar una manita a tus siervos? ¿Era mucho pedir un par de goles? Jódete, Señor.

PD: Estos últimos post son tan malos que sólo los tendré al aire unos días. Es lo que me recomienda mi agente blogger.

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Ahora las comprendo (una aventura estética)

Como la mayoría de las personas comparto dilemas con el resto de la humanidad que a veces me llevan a una conclusión tangencial acerca de la vida y otras a cometer estupideces de las que nunca me creí capaz. Lo último es lo más abundante y lo que con más naturalidad sale de mi boca y mis actos. Es como tener un imán y salir a la calle en su búsqueda. Yo sé que a ustedes también les sucede con frecuencia. Los días pasados no han sido del todo buenos. Algo en el espejo me dijo que no eran buenos tiempos. Me miré bien, analicé mi rostro y mis compostura general y salí volando a meterme bajo las sábanas. Exagero, sí. Lo que digo es que una sensación de estupidez corrió mi cerebro y luego, por si no fuera poco, invadió mi cuerpo y me envolvió como una bolsa de polietileno buscando asfixiarme. Así que todo el día de ayer lo pasé medio aletargado, con el cansancio bajándome desde la nuca hasta los pies y encima ese dolor de rodilla que tanto me está acabando estos días. Hacia la tarde, después de intentar leer el periódico, tomé la madre de las decisiones. Me eché el periódico bajo el brazo y me fui a ese lugar que siempre me atrajo y al que nunca había entrado: una estética muy grande donde abundan las mujeres de traseros pomposos y uñas perfectamente cuidadas. Afortunadamente sólo había un cliente y estaba por irse. Dejé caer mi amplia y mal cuidada melena sobre el lavabo y dejé que el muchacho (un muchachín de mi edad, cabello con luces y una voz de te voy a cuidar mucho, chavalo) me lavara y enjuagara con poca delicadeza, la verdad. Luego estuve media hora mirando las revistas de cortes para caballero y también aspiraba el olor a perfume del lugar. Los cuadros de modelos tenían iluminación digna de un museo. Yeah, me sentía bien, así que para prolongar la impaciencia del chavalo me dediqué a analizar cuidadosamente los cortes de cabello preguntando por sus características, tiempo de confección, mantenimiento etc. Al final me decidí por un corte exactamente igual al mío sólo que con un poquito más de calidad. El chavalo me llevó hasta el sillón, me masajeó un poco y comenzó a dividirme el cabello lentamente. Por el espejo tenía amplia visión del lugar. Una mujer entró para que le dieran forma a las cejas pero el chavalo le advirtió que la cera no estaba saliendo bien. La chica me miró, hizo un gesto de ahi la llevas, y salió verdaderamente agüitada por el asunto de sus cejas. Por el espejo me dedique a mirarle el trasero, no lo niego. Era una tipa rellena, de brazos redondos y blancos como la nata. El chavalo siguió cortándome el cabello. Fueron quince minutos de preparación previa. En eso llegó un tipo vestido muy correctamente con una maleta donde llevaba la cera. Mierda. Platicaron un rato (yo estaba ahí, calibrando mi imagen en el espejo) y hasta se dieron el lujo de comentar la película de la televisión. El tipo se fue y el chavalo siguió con mi corte. Qué puedo decir para no hacer más largo este post? La verdad es que ahora las comprendo. Bendigo sus horas de salón de belleza, de reuniones al filo de la manicura. La hora que duró mi corte (aunque no vi mucho cabello caer sobre mis hombros) la pasé bien de verdad. Gracias a dios que el chavalo no intento hacerme la plática. No, todo fue un dulce limbo en el que mi cuero cabelludo era tratado con una delicadeza de reyes. Un poco más de entusiasmo y le habría dicho te quiero al chavalo. Se lo merecía. Ahora sé por qué el lugar está a reventar. Me propongo ser un consuetudinario ahora que logré sentirme a gusto. Quizá hasta acepten poner una cafetera y una pequeña mesa para cuando me den ganas de leer un libro en otro lugar que no sea mi casa. En fin, una pequeña aventura estética. Yeah.

posted by Mauricio Salvador @ 11:18 AM, , links to this post

Escritor wireless



Día agotador. Hoy, entre las ocho y las nueve del día aparento ser la única persona con sentido común que vive en este mundo. Parece que sólo yo he decidido, entre otras cosas, reformar mi vida y ser una persona mejor.

Ahora llueve torrencialmente. Los relámpagos y los árboles están en plena agitación y los perros ladran sin parar no sé por qué pero sospecho que por razones tan importantes como las mías o las de cualquier otro. Lo torrencial es algo que me desanima. La voluntad se me escapa de las manos cuando miro toda esa agua caer incesantemente y llenar las calles de basura y agua enferma. Hoy por la mañana, decía, entre las ocho y las nueve, tenía ganas de escribir y decir algo divertido. Lamentablemente me estoy creyendo eso de que soy un ser superficial, frívolo y sin mucho que decir a las personas inteligentes. Hacia las diez el ambiente cambió: mis amigos se levantaron, me dieron los buenos días y platicamos un poco de esto y aquello (en el ínter, dejen lo digo, me estorbaba mi erección matutina y los kilos de legañas que acumulo por las noches). Dimos inicio a la primera sesión del Club de fans de Winston Churchill (el tema de hoy trató de las pendejadas de Gallípolli, de Yalta y de por qué los franceses no hicieron bien las cosas, para no variar). Nos fuimos por un café: la erección me seguía molestando, los ojos me ardían levemente y tenía hambre. Aún así seguía creyendo que yo era la única persona sensata del mundo. Un ligero dolor en la rodilla me dijo: “Mauricio, tienes que hacer ejercicio, cabrón”, más o menos lo que vengo diciendo desde hace tres años. Pero el día era bueno, qué digo bueno, excelente. Puse la mitad del trasero en la silla verde y me tomé ese café asqueroso y agrio. A esas horas (las once) el tema era el travestismo de Churchill. Mi opinión fue que cualquiera tiene el derecho a hacer lo que se le dé la gana y más si has ganado el Premio Nóbel de Literatura. Luego hablamos de si Churchill era un buen hombre. Yo fui contundente y dije que sí. A las once y media cerramos la sesión del club. Mi erección (increíble) no quería ceder y por lo mismo me movía constantemente en la silla y metía la mano en el bolsillo para un reacomodo que me dejara respirar. A esa hora me despedí de mis amigos. Aprovechando el tiempo que me cede viajar en metro me puse a pulir mi discurso de no aceptación del Premio Nacional de Literatura. Me sentía terriblemente sensato. Añadí un par de frases acerca de la “orfandad” y de la “tradición” (además de unas cuantas pullas a quienes yo sé) y luego, cuando vi mi reflejo en el cristal rayado del vagón, me di cuenta de que no era sino un pendejo más cuya media vida se la pasaba pensando en lo que debería hacer. Oh, el deber. Me echó a perder el día. Guardé mi discurso de no aceptación y cavilé durante un rato, así es, cavilé, y permanecí quieto, como un jainita. Guardé mi calma (y dentro de ésta la relevación inmediatamente anterior), y dejé que todos esos animaluchos que se incuban en mí vivieran en paz y en libre confraternidad con mi organismo. Un grupo de muchachos se sentó a mi alrededor, todos ellos adolescentes, pinchados como una coladera, y vestidos de negro, contemplando con una sonrisita mi aspecto de marica e idiota. Gracias a dios que ya había guardado mi discurso de no aceptación. De inmediato se pusieron a reír, a gritar; uno de ellos colocó los pies a mi lado, en franca provocación, y siguió gritando.

Más tarde mi confianza decayó. (Ahora está por lo suelos). Llegué a casa (y no voy a contar nada más de este día) y al colocarme frente a la computadora para escribir me sentí mal, muy muy mal. Para joder más el asunto, la erección seguía en su lugar. Estoy batiendo mi propio récord ahora mismo. Debe ser una enfermedad. Y me pregunto si es necesario este escribir constantemente, si hay alguien a quien de verdad le importe. Tengo un montón de excusas, la mayoría inútiles y quiero convencerme de que es algo que va en serio. Si pudieran meterme un chip en la cabeza con unas cuantas instrucciones grabadas. Lo que pienso es que no es tan malo, que este afán por mejorar mis frases, mi puntuación (no la ortografía porque mi ortografía es perfecta, pssst), es también un afán de ensalzar algo más que ese egocentrismo mío. Lo primero es que quiero decir algo (y supongo que todos los aspirantes a escritores están en esta situación) y comunicarlo lo mejor posible, aún así se trate de un chiste. No es algo menor. La comunicación es algo bastante madreado en nuestros días pese a que el 90% de nuestra existencia es estar en el meollo del asunto. Su ubicuidad lleva gran parte de la culpa. Así que yo pienso que si una persona, así sea un bloggero frívolo y marica como yo (Hey chicas, esto último es sólo un decir, escríbanme a mi correo e invítenme un café), intenta establecer y mejorar su comunicación con los demás, la verdad es que con sus pocas fuerzas fortalece ese valor supremo y abatido que es la comunicación de un hombre con otro hombre. Por eso me encantan todos estos chicos que escriben idioteces en la red. Porque no es cosa fácil ser sincero y sincerarse con uno mismo. Los verdaderos escritores (no los novatos como yo) van a permanecer pese a todo. Porque su presencia tiene un fin bastante definido, establecer una comunicación libre de cables, atendiendo a valores sencillos pero esenciales. Al menos eso es lo que creo.

(Mañana el Club de fans de Winston Churchill tiene un encuentro de futbol llanero contra el Club de fans de Henry Michaux. Esperamos darles en la madre. Pero antes hemos decidido ir todos juntos a ver la película de Alien contra Depredador. El martes tenemos partido contra el Club de fans del Colonialismo Belga y el miércoles contra el Club de fans de George Sand, pan comido).

Por cierto, quisiera mandar un beso espectral a Vanina y a Iris.



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Dafnis y Cloe

Después de todo estos dos últimos días han sido espectaculares y me he despertado temprano para ver en montoncitos los libros que nunca voy a leer. Apenas anteayer los días eran grises e intactos. Hoy me despierta el ajetreo de las niñas y cuando salgo con mi acostumbrado aspecto sombrío, como un zombi, las veo sentadas frente a la televisión y comiendo gelatina. Tomo una taza y la caliento en el microondas. Luego me siento a ver (Rapunzel, la película) y tras dos sorbos de pútrido café instantáneo mi cuerpo se revitaliza y comienza lentamente a funcionar. El estómago borbotea. Bien. Los ojos me piden a gritos los lentes. Ok. El cuerpo me exige un baño, eliminar todos los bichos que se me pegan durante la noche cuando tengo sueños estúpidos. En vez de eso me vuelvo con mi taza de café y me siento frente a la compu. A lo lejos mi madre habla de las miles de neuronas que nos rondan en la cabeza. Sus clases nocturnas comienzan a dejarme en evidencia. La otra vez tuve que hablarle de la historia de este país y me escuché hablando de la pugna ideológica entre liberales y conservadores. Sobre qué demonios era una monarquía constitucional y sobre si el pueblo de México después de tres siglos de colonialismo se hallaba preparado políticamente para afrontar las instituciones republicanas que tanto querían algunos. A veces logro darle una buena impresión. Pero más tarde, en el mundo real, las cosas se empañan. El día se nubla de pronto. Me molesta mi soledad. Me molesta salir a la calle. Mi madre habla de los seres demoníacos que rondan la colonia. Una tras otra salen historias sobre aparecidos, duendes, sobre me dijeron esto y aquello, y abandono la conversación porque no puedo sostenerme en ella. Pero justo cuando me dirijo hacia acá escucho que mi madre pronuncia mi nombre y sé que ya está contando esa historia que nunca quise que contara. Pienso que en la Edad Media las mejores mentes se dedicaron a preguntarse cosas como ¿cuántos angelitos cabrían de pie en la punta de un alfiler? O ¿las nalguitas de un angelito son suaves como la seda o su contacto semeja el contacto de la mano humana con el agua? Bueno, mi madre contó lo que me sucedió una vez, hace muchos años, cuando nos mudamos a esta casa y yo dormía en una habitación muy oscura. Cada noche, a determinada hora, mi sueño se interrumpía. Poco a poco la visión se aclaraba y cuando por fin tenía conciencia de estar despierto veía de reojo a un par de niños que se asomaban por el espacio de la puerta. Durante varios días sucedió lo mismo, al grado de que pensar en irme a la cama era un jodido martirio. En una situación como esa lo mejor es meterme bajo la faldita de mamá y decirle lo mal que la pasas ahí cada noche. Le dije pero también le hice prometer que no se lo diría a nadie. Esa tarde llegué de la primaria, muy confiado de la vida, y me encontré con una reunión de vecinas bastante eclécticas. Cuando escuché de lo que hablaban dije mierda. ¿Acaso es imposible para una madre guardar un secreto? Me senté a la mesa a comer escuchando todas y cada una de las recomendaciones que le daban para mis visitas nocturnas. Lo que ahora pienso es que lo que yo veía entre sueños era a los dos niños dibujados en mi Libro de lecturas de segundo año. Como no había libros en mi casa (había uno: Café Berlín, que nunca he vuelto a ver, sobre un judío escondido durante la guerra), todas las noches leía mi libro de lecturas. Mi cuento preferido era Dafnis y Cloe, donde dos niños desnudos asomaban furtivamente tras un arbusto.

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El sueño de Netchayev.





Tengo un sueño recurrente: la imagen de un avión en picada y su posterior desastre. Más datos: los días son claros, casi puedo hablar de otoños rosados, del horizonte a lo lejos, como debe. Por lo general se trata de un evento confuso, nunca resuelto. Una vez el accidente (el sueño) vino aparejado con una invasión extraterrestre (ah, he tenido dos o tres de estos); otra vez se trató de un despegue fallido y la última ocasión fue un sueño elaborado en el que intervino un agente ruso, Moscú (yo diría que el mismo Stalin estaba implicado), y una parafernalia de helicópteros, patrullas y bastantes idioteces. ¿Tendrán una idea de cómo llega todo esto a mi mente en una de esas dulces noches que acostumbro? En el sueño del agente ruso recuerdo que sucedió algo bastante increíble: el hombre salió de entre los destrozos del avión y corrió y corrió por las calles. Mi mirada cinematográfica lo perseguía. De pronto las sirenas de las ambulancias y de las patrullas llenaron el ambiente. Los helicópteros llegaron. Bien, parecía el final. ¿Han visto esos programas gringos de persecución de criminales? Los helicópteros, un negro corriendo (hey, ¿por qué siempre un negro?), autos volcados, oficiales vigilantes de la justicia: Algo así, algo así. En serio que todo presagiaba un mal final para Netchayev (llamémosle así) y para su extraña misión por estas latitudes. Cuando estuvo rodeado, Netchayev entró a un restaurante: los ojos desencajados, la quijada moviéndose a un lado y otro de manera nerviosa, una expresión de horror. Y yo lo miraba. En ese momento los teléfonos móviles de toda la gente emitieron sus tonaditas y el mismo mensaje apareció en la pantalla de los aparatos. Netchayev corrió hacia el primero que le quedaba a mano y leyó el mensaje. ¿Qué creen que era? Nada más y nada menos que la madre Rusia había enviado un mensaje a su agente y éste lo había captado. Netchayev salió del restaurante y giró en la primera esquina. Mi mirada cinematográfica lo había dejado ir. Netchayev (Dios bendiga su nombre), había escapado.

Un sueño raro, ¿verdad? Supongo que tipos como Dan Brown se la pasan soñando esta clase de mierda. Sí, eso debe ser, porque no creo que la mente humana en estado lúcido sea capaz de elucubrar semejantes idioteces. Cuando tengo uno sueño de aviones en picada el corazón se me quiere salir del pecho. Abro los ojos y sé que estoy vivo. Lo sientes. ¡Wow!, no lo vuelvo a hacer. Mierda, ¿por qué a mí? Estás vivo. Puedes sentir cómo el mundo pasa a través de tu cuerpo y te transforma. En esos momentos te vuelves agudo, perspicaz. Abres los ojos una mañana y casi eres capaz de ver la falla de San Andrés como si se tratara de tu propia falla. Me da miedo. ¿A ustedes no les da miedo? Quisiera encontrar algún tipo de explicación a esta clase de sueños. Si alguien sabe algo me encantaría que me lo dijera. Las explicaciones de muerte prematura y premonitoria, insatisfacción sexual, sadomasoquismo, personalidad múltiple, etc., se las pueden guardar. Ciao.





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YEP!

Así es. Esperamos que Pete salga de prisión en noviembre de este año. Bien por él. Bien por ma y bien por pa. Bien por su editor (tienen ese proyecto de poner a escribir a Pete un libro en regla). Bien por todos sus lectores, bien por su futura ex, bien por todos. Excepto por mí. ¿Qué va a hacer de mí cuando Pete salga de prisión? Verlo entre rejas escribiendo como un viejo monje era parte de mi inspiración. Si Pete sale este año (Bien por él, bien por ma, bien por pa) puedo irme olvidando de este blog y de mis habituales estupideces. Así como Flaubert se ponía a oler manzanas podridas para inspirarse, así la visión de Pete tipeando en su máquina mecánica es mi punto de partida inspirador. Pero realmente te deseo lo mejor Pete. Lo mejor para ti, lo mejor para todos, lo mejor para ma, lo mejor para pa.

posted by Mauricio Salvador @ 11:44 PM, , links to this post

BASTA YA, MAURIKI!

No sé. El Espíritu de San Luis, ese cacharro de San Diego (que acabo de ver en un documental del Discovery Channel), iba por los océanos sólo con el favor de dios. Así voy yo más o menos. Ayer estaba partido por la mitad, hoy las facciones tomaron su lugar, los pelines volvieron a crecer y todo transcurre con el sentimiento de que nunca voy a saber en qué momento se me acabará el combustible. Y sin combustible no se va a ningún lado. La conciencia debe ser ligeramente más grande que un océano, saben. Y es encabronadamente difícil ir por ahí con un avioncito de papel; un avioncito de papel como la literatura. Siempre intentando, siempre sorteando, siempre cayendo y bien a bien no tienes idea de dónde terminará todo. Ya lo dice Pete… pero… bueno, Pete no lo sabe todo. Aunque dejen coloco aquí una de mis citas preferidas de Pete: “Wow, a page and one third and still nothing really worth reading. I guess I really need a life.” Un montón de cosas en común entre Pete y yo. De verdad. Sólo que yo tengo 25. La edad perfecta para mirar ciertas partes de tu cuerpo y con un poco de esfuerzo mental intentar hallar alguna lectura posible, como un mapa, y decidir en qué momento el mundo comenzó a cambiar también para ti. En lo personal creo que hay ciertas marcas que me dicen claramente (un altavoz pegado a mi cuerpo), que el mundo cambia y yo con él. Mi figura, por ejemplo. No es lo que solía ser. Hay en ella cierta amargura. Lo que me dice es: “Te estás jodiendo, cabrón”. Y cuando paso frente a uno de esos edificios con paredes de espejos no puedo evitar mirar mi postura y ¿qué es lo que veo? Que no me agrada. Y la piel… se reseca y se marchita con una facilidad que me pone a pensar cada vez más. La otra tarde llegó una vecina para dejar catálogos de cosméticos. Mi costumbre es tomar asiento y pasar las páginas viendo a las chicas en bikini. Es algo que me encanta. Pero esta vez me puse los lentes (había que leer letras pequeñísimas) y estuve una hora consultando los diferentes productos que podía adquirir para comenzar si no una vida nueva sí una vida mejor, más saludable. Aún así, sé que sólo fue cosa de un momento. Porque ya hace unos meses me puse a buscar los tenis de correr y los pants y los puse a mis pies, en la cama, antes de dormir. Al otro día no hice la cama y sólo cuando volví para echarme descubrí los pants y la playera. Mierda. De eso hace tres meses, creo, y aún tengo la esperanza de que lo haré. Hey, un momento: ¿Cómo llegué hasta aquí? Tenía toda la intención de hablar de literatura tal y como yo la entiendo (¡Muera la poesía francesa! ¡Muera Carlos Fuentes!) (No, él no, qué culpa tiene.) Y de pronto estoy hablando de mis costumbres domésticas de hojear catálogos de vecina. Es que los Tupperware y los moldes de galleta, y los cepillos con forma de hipopótamo, y los vasos con popote incluido, ¿no son una maravilla? Siempre me hacen pensar en el hogar como en algo a la vez cómodo y estúpido, eficaz e inútil. La verdad es que son pura mierda. Y por lo de la literatura no se apuren, no los voy a molestar. No es una de mis facultades el saber desarrollar una idea. Y últimamente sólo leo a Pete.

Hace rato leí esa historia de los rehenes en Beslán. ¿Qué se puede decir?

posted by Mauricio Salvador @ 9:07 PM, , links to this post

Tormentas solares...

Tengo la impresión de que las tormentas solares han comenzado a rondar de nuevo por mi colonia. Para no ir más lejos ayer a todos les dolía la cabeza en esta casa. Y el sol, pueden no creerme, da la impresión de estar unos cuantos kilómetros más abajo. Ahora, a las10:30 de la mañana el día luce bastante fresco. Me asomo un poco a la ventana y qué veo: Virgo sobre Acuario, y las palabras que aún me rebotan en la cabeza sobre la buena suerte de estos días según mi horóscopo. Estoy tomando mi primera taza de café, la que me despabila (ayer me dormí casi a las cuatro) y en serio que cada día que pasa encuentro más agradable el café instantáneo. Yo mismo voy a la tienda a proveerme de café instantáneo. Bien, ¿en qué estaba? En lo de las tormentas, en los dolores de cabeza, en Virgo sobre Acuario. En mi buena suerte. Sí, cómo no. La verdad es la siguiente: todo es un jodido y estúpido eufemismo. El gran e imperturbable JEE (como una risita), que sin cesar tengo en los labios, y del que hago uso en una media de diez veces por minuto. Por ejemplo, lo de las tormentas solares no es más que un jodido y estúpido eufemismo (de aquí en adelante jee), porque cómo puedo culpar a las tormentas de lo que pasa en estos lares (me cuidé de poner solares para que no rimara con lares). Ya, ya sé, Dani, ya sé que según tu teoría el Imperio Romano cayó a causa de una tormenta solar. Sabes que nunca te he discutido el punto. (Ni siquiera sé para qué tienes ese Mommsen y ese Anderson en el librero.) Y qué decir de mi manía de leer los horóscopos, un gran jeé!! Es como pedir limosna. Y mi creencia imperturbable de que vivimos en un mundo feliz: otro jee más. Parece como si todo el día me la pasara riendo. Si pasas un día conmigo verás que me la paso riendo. En realidad sólo se trata de una cadena de jee’s un poco abruptos. No te quiero decir que estoy aburrido y emito un jee. No te quiero decir que me parece estúpido lo que dices y un jee más. Jejejeje, todo el día riendo como loco. ¿A dónde vamos? Jeé: más bien: ¿A dónde voy? Ayer, incluso (y no lo dirían de mí) me sentí enojado con el pobre de Pete. ¿Por qué se puso a hablar del servicio de Amazon y de hardcovers y luego, en otro artículo, de lo que considera un fan del deporte y de los negros (ya no sé si estaba a favor o en contra de Kobe Bryant). O quizá leí de mal humor. Síiii, otro gran jee. ¿Por qué te hecho la culpa, Pete? ¿Por qué esa tendencia mía a culpar a las constelaciones de lo que sucede en mi vida? (aunque es cierto que llevan gran parte de la responsabilidad, pero no toda). Hace poco perdí un empleo por culpa de un jee. Pfff. Era mío… pero mi bocota. No se lo dije a nadie. Es para sentirse mal. Y Pete que no me ofrece ningún consuelo. Algunos me dicen (gracias por sus correos ofensivos (ya sé dónde viven) que en vez de leer a Pete lea a Dostoyevsky o a algún poeta francés. A lo primero no pongo objeción, pero para leer al gran Fiodor necesito energía mental y carezco de ello ahora. Por lo segundo… bueno, un gran jee. Mi teoría es que la poesía francesa (por supuesto no voy a especificar qué poesía francesa ni nada, me vale una mierda) sólo conduce a la falta de proporciones para mirar este jodido y estúpido mundo: JEM (como un carraspeo), y una progresiva disminución de la sensibilidad personal. (¡Cuántos no acaban de golpear el monitor queriendo que el puño salga por el mío y me dé en las narices! Perdón. Jee!!). ¿Contradictorio, no? Pero estos días qué no es contradictorio? Las chicas que quieren ser interesantes se las dan de contradictorias. Y tengo una lista más larga. Sí, contradictorio hasta un punto enfermizo. Puedes sentir que tu alma vuela al leer una fabulosa construcción lingüística de Mallarmé y al mismo tiempo ser incapaz de salir a la calle y mirar con buenos ojos al pobretón que pasa por la calle con un banco de bolear zapatos. Dios, me parezco a Superbarrio. En fin. Otro gran jee. Pero el punto es: ¿Por qué lees a Pete, Mauriki? Te considerábamos uno de los nuestros, creíamos que podríamos lograrlo y mira lo que haces. Pierdes el tiempo, malgastas tu vida. Pete es un segundón. Ya lo sé. Ya lo sé. ¿Pero por qué fueron tan ofensivos? Es como decir que Virgilio es un segundón comparado con Homero. Qué mamila estoy hoy.

Esperen, aguarden, tranquilos. Por favor por favor por favor déjenme hablar. Es que necesitamos tonos que nos atañan en tiempo y espacio. Tonos nuestros. Sé que comprendo a Pete cuando habla de deportes o que el me comprendería si leyera esto (no estoy seguro, maldito maniático). Pero saben qué es lo fabuloso de habernos librado de la poesía francesa y de la estúpida renovación del lenguaje? (Aunque ya sé que no es así, estoy soñando). Bueno pues que podemos prescindir de nuestros jee’s personales. Y cuando digo que necesitamos tonos actuales me refiero a que necesitamos de vez en cuando una voz que prescinda de eufemismos. Que se atreva a encerrar al gran JEE y a mantener la compostura. Todo al mismo tiempo. No digo que Pete lo haga. ¿Quién lo hace? Todos y nadie. Todos en lo personal, nadie en lo social. Definitivamente hoy se me está pasando de tueste este post. Y por cierto, Marle, perdón por la ausencia. Y Diana, aún te considero la secretaria más simpática de Puebla. Gracias por el correo. Los que me contestaron eufemísticamente, muéranse también. Este es el POST de HOY. Demos gracias al señor. (icamposa: ¿qué demonios sucedió ayer? me gustaría saberlo)

posted by Mauricio Salvador @ 9:41 AM, , links to this post

Algunas cosas que hay que decir...

Por las buenas o por las malas, este amigo Pete es un hombre que contribuye al progreso sensible de la sociedad, y en ésta al de unos cuantos ociosos como yo. ¿Cómo? Por inercia, supongo, por contraste, como un negativo colgando en el cuarto oscuro o simplemente cosechando de su jardín personal de experiencias ( I have such a rich garden of day to day experiences to harvest from), para nuestro placer como lectores. No lo dirías al ver su foto. Pete lleva (o llevaba; es difícil sobrellevar el ritmo de su escritura) cuatro años en una prisión federal. Y durante se tiempo los lectores de Pete aumentaron considerablemente. A mí me importa, a mí que me he chutado sus archivos desde hace tiempo y que incluso tengo subrayados y toda esa parafernalia. Lo que de verdad me gustaría sería una foto de la celda de Pete. ¿Cómo será? ¿Tendrá un lavabo y una taza en buenas condiciones? Qué poco sé de la vida real. Lo sé cuando me despierto tarde y escucho la parafernalia de mi vida diaria, los perros, los vecinos, campanitas avisando que hay que sacar la basura, tipos gritando gas a todo pulmón. ¿Y qué hago? Voy a la cocina y me preparo una primera taza de café. Me engancho al Internet y reviso mi magro correo. Escribo un par de cartas y me hundo de nuevo en la cama a leer un libro. No es la gran vida. Hay un libro ahí a punto de cocinarse, de hecho casi cocinado y es lo único a lo que puedo aferrarme. Un libro de historias que pronto tendré en las manos (eso espero). (También mi amigo Daniel Espartaco está a punto de sacar su libro llamado Los pañales rojos, que recomiendo, al que le hago publicidad por si alguien lee hasta aquí). Y eso no es todo. Al mediodía viene la depresión porque mi vida no va a ningún lado. Simplemente se descarrió. Hubo una época en que los doctores nos acostumbraron a frases como “crisis de la adolescencia”, “crisis de la juventud” “crisis de los treinta” “crisis de los cuarenta” y todo eso sin contar la verdadera Gran Crisis, esa que anda por ahí en forma de perro que nos ladra o de conductor que nos echa el auto. De verdad estoy partido por la mitad. Ni qué hablar de la universidad. O de las chicas. (En otro post hablaré de estos temas). Y en mi casa mis hermanastros ponen la radio a un volumen escandaloso, de verdad, y les importa una mierda si leo un libro o veo la televisión tranquilamente. Se preguntarán qué hago aquí. He ahí el meollo. No lo sé. Hay cierta pasividad latente en todos nosotros y cierto potencial escondido. Bien, conozco lo primero pero lo segundo lo tengo bastante escondido. Además no creo que no les importe, simplemente no se dan cuenta. Así es la gente, mierda, así y nunca quieren voltear a verte. Como dice mi amigo Espartaco, nunca te miran a los ojos. Joder. Por eso admiro a Pete y soy un lector fiel. Los vínculos que Pete establece con el mundo son, perdón por lo trillado, los que él impone y no los que toma como una limosna.

(Creo que este párrafo necesita pulirse).

Hay dos tipos metidos en la celda de Pete y Pete parece no hacerles caso, de hecho no le hace caso a medio mundo porque sus maneras sociales, la verdad sea dicha, se ven obstaculizadas por su coeficiente intelectual que es de 140.

Dice Pete: The one thing the prison system cannot take totally away is one´s mind.



Y esta otra: The biggest problem I have in here is that I still find the need for some instant gratification, such as an idea that I want to share with someone, and have them tell me how great I am.

En general creo que suscribo, como lector de Pete. Pero un momento, Pete no es tan grande como dice, no: está en prisión (estaba, pero lo sigue estando en sus escritos), le cagan sus compañeros y sufre porque no puede hacer algo tan sencillo como compartir una idea. Sí, Pete, ajá, lo que tú digas, ¿qué es eso?, ¿otra carta a tu editor de bloggers? Carajo, Pete, ¿de verdad no tienes a nadie con quien hablar? Creo que algunos podemos agradecer el no estar en su situación si es que tenemos por ahí a algún amigo o amiga que pueda escucharnos. Hasta hoy creo que es lo más valioso que he logrado en esta vida. Nada más. Y por eso desearía agradecer a mis amigos. Qué sentimental se pone todo esto. Hey, lo digo en serio.

posted by Mauricio Salvador @ 11:59 AM, , links to this post

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