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Ahora las comprendo (una aventura estética)

Como la mayoría de las personas comparto dilemas con el resto de la humanidad que a veces me llevan a una conclusión tangencial acerca de la vida y otras a cometer estupideces de las que nunca me creí capaz. Lo último es lo más abundante y lo que con más naturalidad sale de mi boca y mis actos. Es como tener un imán y salir a la calle en su búsqueda. Yo sé que a ustedes también les sucede con frecuencia. Los días pasados no han sido del todo buenos. Algo en el espejo me dijo que no eran buenos tiempos. Me miré bien, analicé mi rostro y mis compostura general y salí volando a meterme bajo las sábanas. Exagero, sí. Lo que digo es que una sensación de estupidez corrió mi cerebro y luego, por si no fuera poco, invadió mi cuerpo y me envolvió como una bolsa de polietileno buscando asfixiarme. Así que todo el día de ayer lo pasé medio aletargado, con el cansancio bajándome desde la nuca hasta los pies y encima ese dolor de rodilla que tanto me está acabando estos días. Hacia la tarde, después de intentar leer el periódico, tomé la madre de las decisiones. Me eché el periódico bajo el brazo y me fui a ese lugar que siempre me atrajo y al que nunca había entrado: una estética muy grande donde abundan las mujeres de traseros pomposos y uñas perfectamente cuidadas. Afortunadamente sólo había un cliente y estaba por irse. Dejé caer mi amplia y mal cuidada melena sobre el lavabo y dejé que el muchacho (un muchachín de mi edad, cabello con luces y una voz de te voy a cuidar mucho, chavalo) me lavara y enjuagara con poca delicadeza, la verdad. Luego estuve media hora mirando las revistas de cortes para caballero y también aspiraba el olor a perfume del lugar. Los cuadros de modelos tenían iluminación digna de un museo. Yeah, me sentía bien, así que para prolongar la impaciencia del chavalo me dediqué a analizar cuidadosamente los cortes de cabello preguntando por sus características, tiempo de confección, mantenimiento etc. Al final me decidí por un corte exactamente igual al mío sólo que con un poquito más de calidad. El chavalo me llevó hasta el sillón, me masajeó un poco y comenzó a dividirme el cabello lentamente. Por el espejo tenía amplia visión del lugar. Una mujer entró para que le dieran forma a las cejas pero el chavalo le advirtió que la cera no estaba saliendo bien. La chica me miró, hizo un gesto de ahi la llevas, y salió verdaderamente agüitada por el asunto de sus cejas. Por el espejo me dedique a mirarle el trasero, no lo niego. Era una tipa rellena, de brazos redondos y blancos como la nata. El chavalo siguió cortándome el cabello. Fueron quince minutos de preparación previa. En eso llegó un tipo vestido muy correctamente con una maleta donde llevaba la cera. Mierda. Platicaron un rato (yo estaba ahí, calibrando mi imagen en el espejo) y hasta se dieron el lujo de comentar la película de la televisión. El tipo se fue y el chavalo siguió con mi corte. Qué puedo decir para no hacer más largo este post? La verdad es que ahora las comprendo. Bendigo sus horas de salón de belleza, de reuniones al filo de la manicura. La hora que duró mi corte (aunque no vi mucho cabello caer sobre mis hombros) la pasé bien de verdad. Gracias a dios que el chavalo no intento hacerme la plática. No, todo fue un dulce limbo en el que mi cuero cabelludo era tratado con una delicadeza de reyes. Un poco más de entusiasmo y le habría dicho te quiero al chavalo. Se lo merecía. Ahora sé por qué el lugar está a reventar. Me propongo ser un consuetudinario ahora que logré sentirme a gusto. Quizá hasta acepten poner una cafetera y una pequeña mesa para cuando me den ganas de leer un libro en otro lugar que no sea mi casa. En fin, una pequeña aventura estética. Yeah.

posted by Mauricio Salvador @ 11:18 AM,

1 Comments:

At 10:03 AM, Anonymous Javier G. Cozzolino said...

primero, pre-cio-so el txt.
segundo, te puedo asegurar que más q los salones de belleza, vulgarmente llamados peluquerías, es interesantísimo encerrarse en el baño con una tijera (pequeña, lo más pequeña que se encuentre) y un peine, y darselás, muy luego, de estilista. si hay radio en el baño, mejor.
a mí me sacó de más de un bajón.
abrazo. j.-

 

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