Traducciones

Sábado

Desayuno café, pan tostado, y fruta (mango y kiwi). Lavo los trastes. Leo las noticias (por lo menos leo los titulares); planeo un día productivo que consiste en leer, lavar el piso, y afeitarme. Como es sábado tiendo a pensar que todo será mejor que el resto de los días, pero nada más asomarme por la ventana sé que no es así. El edificio de oficinas de enfrente no tiene las ventanas abiertas. Estos tipos son una pésima influencia para mi salud. Al despertarme, un martes digamos, veo las ventanas corridas y dentro a tipos con la camisa arremangada que se mueven de un lado a otro dando y recibiendo órdenes. Tengo que ocultarme de ellos. No tienen hora de comida. Ella bajan del edificio y platican, desaparecen media hora y vuelven. Ellos siguen trabajando y a veces (aunque no dejan de hacerlo los domingos) prenden la televisión y miran la televisión por cable. Sé que es televisión por cable porque incluso a la distancia advierto los colores clásicos de la televisión de paga. Cuando ellas vuelven ellos ya están dando y recibiendo órdenes otra vez. Toda la puta tarde. Y no puedo comportarme ociosamente porque sé que me van a ver. Se asoman por la ventana, con sus velludos nudillos en el alféizar y desde su templo me contemplan con una sonrisa comprensiva. Saben que no hay remedio para la juventud. A las siete de la noche encienden las luces y los pisos se iluminan. A las nueve siguen trabajando. Y sólo hasta las diez y media es cuando se dignan apagar las luces y marcharse. Uno de ellos, sin embargo, vuelve más tarde, a las once, y prende la televisión. Es el mismo que va los domingos y recostado en su sillón de cuero ve el cable y el futbol hasta que anochece. Supongo que no le gusta estar en casa y prefiere darse una vuelta por la oficina y ser feliz. Como no tengo oficina suelo desesperarme por pasar un montón de tiempo encerrado. Ya quiero que llegue el lunes para ser el mórbido organizador que soy, con libretas de direcciones y una sonrisa. Son las 9:51.
Si fuera John Cheever me escribiría una historia con este precioso material. Después contaré más detalles. También me gustaría hablar del dentista del segundo piso del edificio. A veces contemplo su sillón de dentista en el que una señora (siempre señoras) se reclina y habla con entusiasmo. Abajo del dentista hay un salón de belleza llamado COIFFURE, en grande letras blancas sobre fondo azul.

posted by Mauricio Salvador @ 7:37 AM, , links to this post

Jueves.

Jueves. Como es usual el despertador suena a las ocho de la mañana y yo me levanto de un salto para preparar la mesa, revisar el refrigerador y, si es necesario, bajar los cuatro pisos para comprar algo en el Oxxo. Después del desayuno, que es mi obligación, me siento a escanear los periódicos, leo las noticias (los encabezados, en realidad), reviso el mail, abro las ventanas, y me doy un baño. A las diez de la mañan comienza mi batalla diaria por recuperar el orden mental perdido por días y días de ocio descontrolado. Tengo cuatro libro junto a mí: Less Than One, de Joseph Brodsky, un libro de crónicas y ensayos en el que me hundo cada tanto para una bocanada de buena prosa; también tengo A Girl with a Monkey, una recopilación de cuentos Leonard Michaels, del que me había propuesto traducir un cuento llamado Viva la Tropicana, pero he desistido. Guerra y Paz, de Tolstoi, en edición Aguilar, y The Oxford Book of American Short Stories que ayer se me acaba de deshojar. Mierda. En su diaria preparación para ser mejor, Robertina sacude, habla sola y menea los brazos como si viviéramos dentro una Giornata Particolare. Hace calor. Dentro de unos minutos debo ir por dos escritorios, uno que nos han regalado y otro que nos han prestado.
Al volver, lo único que quiero es aprovechar estos últimos días de total libertad y ponerme a leer lo que sea. Luego, cuando den las cinco o las seis, espero sentarme a la mesa para escribir. Este es el mejor intento de hoy.
Notarán que he cambiado mucho quizá porque ya no justifico los textos. Es un gran cambio, me parece.


posted by Mauricio Salvador @ 9:38 AM, , links to this post

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John Travolta

John lives in Toronto and is a freelance illustrator and a designer/animator for CHUM Television. He writes about , design, and visual culture under the pseudonym Robot Johnny

Claire Robbinson

Claire Robertson is an illustrator and toy from Melbourne, Australia. While her illustration clients have included The New York Public Library, Scholastic and Cambridge University Press, it’s her blog Loobylu.com that brings her the most joy and which has attracted the most attention with rave reviews in the Wall Street Journal, WIRED Magazine and The Guardian.

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