Traducciones

Cosas que recomiendo, particularmente





Una libreta de pastas duras
al alcance de la mano para ayudar a la memoria en su diario ajetreo de números y cosas por hacer, por leer y por “checar”, siendo éste último término tan elástico como una gimnasta rumana. Mi libreta es verde, ¼, pasta dura, forma francesa, línea, y con un marcado gusto por los personajes de Disneyland. Abajo se encuentra otra que me regalaron, con una pasta dura embellecida por un alucinado cuadro de Remedios Varo, y cuyas hojas, límpidamente augustas, me hacen pensar que sólo escribiré en ellas cosas de primer nivel. Cosas de primer nivel como: “El día resplandece bajo los azules manantiales de su celo” o frase parecida. Pienso que resultaría indispensable un buen bolígrafo. Aquí las opciones son variadas y el mercado nos ofrece una buena cantidad de bolígrafos, aunque yo prefiero las de gel, negras, porque creo que su estilo plasmático embellece mi letra y le da un aire sofisticado a mis anotaciones. Todo esto conjugado y tendremos una herramienta de primer nivel para subsanar algunas ambiciones cotidianas, y, ¿por qué no?, para hacernos a la idea de que instauramos una disciplina sin las inconvenciencias rigurosas de la agenda ejecutiva. También, por supuesto, nos otorga una gratificación instantánea cuando anotamos ideas que, según nosotros, embellecen el mundo y lo que queda de él. Las últimas anotaciones de mi libreta abarcan varias disciplinas: Lingüística: “crumple” palabra a buscar en el dictionary; Literatura: Una frase que me gustó mucho y pienso que sería un buen inicio para “algo”; Sociología: Hace rato me di cuenta de que por lo visto existe una nueva y original manera de medir el tiempo: “Ayer, después de Cheaters me fui a acostar un rato. Luego, a la mitad de los Soprano le hablé a Luis para ver cómo seguía. Y hablamos bastante. Casi había terminado Sex and The City. Me fui a dormir cuando comenzaba la función para desvelados del Once.” Y números telefónicos que no sé de quién son y no me interesa.



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Short Fiction







Cuatro o cinco meses atrás leí por primera vez Tapka, de David Bezmozgis, siguiendo el eco que reprodujo The Atlantic Monthly, cuando en una semana DB publicó cuentos en el New Yorker, Zoetrope, Harper. Luego leí una reseña de Rodrigo Fresán publicada en Página 12 , y eso provocó una cadena de noticias, cuentos y reseñas que comenzaron a llegarme de todos lados. Lo que junto confirmó mis sopechas: lo lejana que se encuentra la cuentística mexicana (y latinoamericana, yo diría) de la siempre creciente cuota de narradores norteamericanos. Parece que más allá de la frontera sólo hay hamburguesas. Entonces nació la idea de esta bitácora y la idea fue establecer un mínimo y casi insignificante vínculo con autores y libros de cuentos de hoy día. La lectura de Tapka me sorprendió por la sencillez de la narración y por la ausencia absoluta de experimentalismo. A partir de entonces mi atención en la historia corta norteamericana ha crecido y mi admiración también. Lo que no me ha sucedido con los connacionales, soy sincero. En fin, aquí un par de noticias sobre Oblivion y sobre Natasha And Other Stories .



Además:

Otra reseña sobre Runaway, de Alice Munro, por Jonathan Franzen.

Entrevista con David Foster Wallace, en Salon.com

Reseña de Natasha, en el Montreal Mirror

'Men and Cartoons': The Superhero Next Door, Jonathan Lethem', revisado en NYT

El ingenio infinito de DFW, por Juan Francisco Ferré



Recuerden que la clave para ingresar al NYT, por si falla el link, es water waterlib

Y si alguien se sabe una clave para el Atlantic, pues pásela.





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Sturm und Drang

Para evitar confusiones de hoy en adelante, dejo aquí un ejemplo de lo que entiendo como “escritor puñetero”.



Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo. (Salvador Elizondo)



Seguramente hay tesis al respecto. Un montón de ensayos académicos y con seguridad se realiza año con año un simposio para celebrar semejante esfuerzo prosístico. Cuando dicen que Salvador Elizondo es un “renovador fundamental de la narrativa contemporánea” ¿A qué se refieren exactamente? Siempre he creído que tanto los poetas como los narradores son personas que por una u otra razón se encuentran al tanto de las cosas que los rodean. Cuando Rubén Darío encomia a los poetas, antenas divinas, pararrayos de Dios, algo así, ¿no pone de manifiesto el hecho de que son ellos precisamente quienes dotan de un orden y una relación a cosas y motivos aparentemente incoherentes, motivos de hoy? ¿Y no es en la narrativa donde las situaciones humanas quedan en evidencia? ¿donde el narrador pone de manifiesto una preocupación (o llámenle como quieran) por el mundo que le rodea? Por supuesto mi idea resulta bastante pobre. No lo niego. Sólo tenía las ganas de preguntarlo. Resulta que por aquí estaba (estaba porque ya lo tiré a la basura) ese librito llamado el Grafógrafo: prosas para puñeteros. Pues comencé a hojearlo con una sensación realmente atípica que me corrió desde los dedos de los pies hasta las sienes en un ritmo octangular y convulsivo, un espasmo oscurecido por el ríspido jadeo de gato, en una blanca sucesión de contracciones que terminarían por ahogar toda necesidad que habitara en mí de buscar la luz, donde quiera que ésta se hallase. Por momentos mi prosa frívola se vio contaminada. Vaya si se vio contaminada, al grado que vi un blanco quirófano estallar en repetidas oscilaciones provocando que el movimiento se suspendiera y de esa manera volvieran a su cauce los efectos primigenios de la primera palabra; el verbo. Y sólo un vaso de agua mineral me volvió a mi realidad. Nunca voy a tener las becas que tuvo Salvador Elizondo. Nunca me acercaré a su maestría. Nunca crearé un universo propio donde el lenguaje se subvierta a sí mismo. Sniff. Daniel Espartaco (doy el crédito) me ha dicho que su gran obra será una novela donde el verdadero protagonista sea el lenguaje. El comienzo sería más o menos así:



Sostiene Lenguaje haber llegado a casa de la Marquesa a eso de las cinco. Era una mañana límpida y fresca y Lenguaje creyó reconocer en una esquina la tiendita de abarrotes donde su padre, muchos años atrás, lo llevara a conocer el hielo.

La señorita La Mole se encontraba de viaje.

-Merde! –pensó Lenguaje.




Un buen inicio, pensé yo.

Ya más tranquilo (incluso he recogido el libro de Elizondo del bote de basura; a mi madre no le gusta que tire libros), me comporto más relajadamente y pienso que qué diablos, hay suficiente sturm und drang para todos, hay suficiente lenguaje para todos; claro: con tal de que todos sean unos cuantos.





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Nota al margen: Michiko Kakutani

En mi acostumbrada sección Lo que me da la gana postear, un pequeño homenaje a la crítica por excelencia del New York Times; heroína o villana, como la quieran ver;, esta guapa mujer que ganara el Premio Pulitzer en 1998 por sus "apasionados e inteligentes escritos sobre literatura contemporánea". Aquí un ramillete de reseñas y artículos donde la buena mujer se pone a hablar mal (críticamente) sobre los libros de personalidades como Bill Clinton, John Updike o Naipaul.



The Pastiche of a Presidency, Imitating a Life, in 957 Pages

From Salinger, A New Dash Of Mystery

Dreams Of Glory Unraveling In Chaos (Magic Seeds, de Naipaul)

Coping With the Idea of Representing One's Race

Norman Mailer's Perception of Jesus

Las reseñas sobre Updike se encuentran en el NYT pero no puedo hacer el link. Aquí una clave para ingresar a diario waterlib water

Y también la opinión de los que temen encarnizadamente a esta pobre mujer:



I Wrote About Michiko Kakutani And Lived To Tell The Tale

Author pitches woo to N.Y. Times critic Kakutani

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Remember, remember

Me faltan cien páginas para terminar de leer 2666 y escribir la última parte de mi reseña. Me faltan ocho días para cumplir 26 años. Me falta bastante más para madurar, y creo que no mucho para dar el salto (Hey, Rocamadour, ¿Recuerdas aquellas tardes de estupidez y camaradería? ¿Recuerdas cuando me hablabas del salto, ese concepto fugaz y algo maloliente la verdad, que en tu boca quería referirse a la Vida, o quizá a algo más sencillo, como Nuestras Vidas, y que subía hasta las copas de los árboles envuelto en la humareda olorosa de tu porro? ¿Recuerdas aquella temporada en que pensábamos en Dani (a dos horas de ser operado de pancreatitis) mientras en su departamento tomábamos cerveza y comíamos chocolate robado, mientras te despejabas un rato y te preparabas la famosa pasta bosnia y me explicabas el mejor método para robar jamón serrano? ¿Recuerdas cuándo hablábamos de mujeres porque ninguna mujer nos hacía caso? Yo lo recuerdo perfectamente…el salto), un salto cualitativo, la quinta dimensión, donde se dice que los peces escriben poesía y Swedenborg reina en su trono de caracolas. Sí un salto que es hora de dar ya. Qué pinche mierda. Voy a subir a la azotea y me voy a dar de hocico contra el asfalto con tal de entender que esto que pasas no es cualquier mierda, no es un simple “mierda” que uno lanza al aire para comenzar el día. Oh, no. Es algo concreto, una zanahoria y una buena follada. Ya qué: una buena follada con una buena zanahoria. O quizá es que debo preguntarme otro tipo de cosas. Pero faltan ocho días para cumplir 26 años, en mi caso la edad de la inocencia. Es hora de salir, es hora de cumplir con uno de esos rituales que me he encargado de crear últimamente: Ya lo dice Kavafis, no hostigues tu vida con tanta frivolidad, o algo así. Porque uno no desea ser el huésped inoportuno de su propia vida. No, uno quiere abrir su cabeza (una gran fiesta) a los demás y quiere abrir todas las puertas y dejarlas así hasta que sea hora de lo contrario, de cerrar poco a poco cada puerta y ver la última línea de luz entre los quicios. (¿Recuerdas Rocamadour aquella tarde que peleamos en un ring improvisado contra una bola de gañanes? Todavía me duele la espalda.)

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The Art OF Fiction





Pues sí, mierda de pito, nadie visita The Art of Fiction. ¿Un promedio de 10 visitas? Mejor una patada en el culo. (A lo mejor si coloco post de Econde la gente se siente atraída, lo que hablaría bastante mal de la gente, dicho sea de paso, que no de Econde, ni de su bandita bloguera, que hacen lo mejor que pueden con sus reflexiones en torno a ir o no de reven con su amiguitas de la Condesa.) En fin, continúa la promoción de este blog sobre ficción.

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Un hombre sensible

Pues sí. La casa en sus faenas. Quiero prepararme un café así que me levanto y voy a la cocina. Entonces, de golpe, comprendo que puedes pisar un cadáver, puedes tranquilamente pisar Crimen y Castigo en tapas duras, puedes poner la bota en el rostro afligido de un prisionero, pero ni siquiera un marine se atrevería a cruzar por el suelo mojado de un piso que se trapea y encima soportar la mirada de reproche de dos ojos igualmente afligidos (noten que no hago distinción de género, feministas). Porque eso es demasiado. Uno no debe ofender dos cosas sagradas, los pisos limpios y la cerveza de un hombre. Amen.



PD. No olviden visitar The Art Of Fiction



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Yeah, rigth!



Tu horóscopo diario del 17 de Enero



Estimado Mauricio Salvador,

Hoy puedes tener ideas muy creativas, Mauricio Salvador. Quizás decidas manejar algo de manera novedosa. Tal vez adoptes una nueva rutina. O puede ser que modifiques tus horarios para dedicarle más tiempo al ejercicio y a la meditación. Tendrás deseos de mejorar en lo personal y de llevar una vida más entretenida y placentera. Puedes lograr lo que quieras, ¡sólo tienes que decidirte!





¿Pero qué creen? No me decidí. En cambio me eché en la cama y estuve viendo las nubes de este día frío y plácido sin ganas de violentar mi frágil cuerpo, de hecho sin ninguna necesidad de hacerlo. Luego fue como si una mano gigante me tomara del cogote y me llevara de un sitio a otro sin que mi voluntad se sintiera de ningún modo invadida en sus terrenos. Y antes del anochecer, cuando parecía demasiado tarde para creer en la generosidad de los horóscopos, pensé que todo era cuestión de voluntad –férrea voluntad, voluntad de acero, voluntad invencible (y mi gesto profundo y soberbio, el ceño arrugado, un pequeño tenor adusto)-… ¡pero vamos! a estas alturas uno es lo suficientemente maduro para ya no atender a las expectativas espontáneas. En vez de eso te vas al baño y lo piensas dos veces leyendo una revistilla y al final dices: “Bueno, ni modo, otro día más.” Pero de pronto lees algo así: “Los espectadores se pasman, cuando pasa el tren” y te dan ganas de llorar, aunque no lloras, evidentemente (al menos no yo en estos casos) e interpretas la frase de la peor manera posible, peor para ti, quiero decir. Luego es hora de dormir. Aquellas manos invisibles te toman y te llevan a la cama. Y como eres un estúpido pues no sabes si están ahí para protegerte o para aplastarte, como a un bicho.



PD. Temo por la vida de Martin Amis.

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Soñé con Martin Amis. Martin conduce un camión, choca, lo llevo al hospital. En el hospital una mujer rubia y gorda nos pregunta si llevamos las seis fotos de rigor. Martin grita. “Tranquilo” digo, y me reviso los bolsillos hasta hallar seis fotos de Martin, cada foto una mueca perfecta de un hombre aquejado por la locura y el horror. Estiro las fotos a la enfermera que se lleva a Martin con una mano y con la otra mira las fotos. Pausa. Un salón grande iluminado al fondo por una ventana protegida por barras de acero. Una mujer, también rubia, descansando en una cama antigua y luego una fila de bebés caminando a sus brazos. En uno de ellos descubro a Martin. Un bebé de cabeza gigante caminando hacia la cama de una mujer enferma.

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Viernes

Ayer a las nueve de la mañana se decretó el estado de emergencia que consistió en gripe, cansancio general, dolor de cabeza, sudores, etc. Hoy, después de que (Mengele) mi madre ha experimentado conmigo, creo que me siento bastante mejor. Leo la larga entrevista de John Updike publicada en The Paris Review, aunque no comprendo por qué no han lanzado la de Saúl Bellow que es la que más me interesaba. Hago unos pocos ejercicios con el cuello, muevo la cintura, realizo estiramientos y al final la sangre se me sube a la cabeza y caigo a la cama. Todavía no estoy en forma pero por lo menos ya puedo salir de la cama y ponerme frente a un libro o la computadora.

posted by Mauricio Salvador @ 11:48 AM, , links to this post

Para Vanina Redondi y Veronique Van Elewyck,

un poema de Derek Walcott.





The time will come

when, with elation,

you will greet yourself arriving

at your own door, in your own mirror,

and each will smile at the other’s welcome,



and say, sit here. Eat.

You will love again the stranger who was your self.

Give wine. Give bread. Give back your heart

to itself, to the stranger who has loved you



all your life, whom you ignored

for another, who knows you by heart.

Take down the love letters from the bookshelf,



the photographs, the desperate notes,

peels your own image from the mirror.

Sit. Feast on your life.





posted by Mauricio Salvador @ 11:01 PM, , links to this post

Domingo

Domingo. Abro los ojos, lo que tenía la marca de la enfermedad se ha desvanecido como un globo desinflado. Por la ventana entra el sol. Mediodía y perspectivas que se montan unas sobre otras, como conejos, para dar nacimiento a otras más. Luego, mientras camino a casa, me encuentro con un amigo de la infancia y me hago las preguntas que él se hace, mentalmente, mientras me pregunta cómo estoy, qué hago y toda esa parafernalia a la que no sé qué contestar aunque hago mi mejor esfuerzo. Pero me interrogo: ¿recuerdan a Mauricio? ¿Recuerdan a aquel muchacho esmirriado que solía tener ataques de misticismo? ¿Lo recuerdan con tenis de básquet ocultos apenas por la sotana con que solía atender los oficios, la manía de beber el vino de consagrar (aunque no por voluntad propia), y la manera como aún a pesar de eso robaba a su madre veinte pesos para jugar maquinitas? Bueno, todo eso ha quedado atrás y cuando mi amigo de la infancia me dice adiós y se va por una calle que apenas conozco, veo su rostro de alivio: ¡veo cómo se aleja de mí a toda velocidad! Y pienso: “Jódete, cabrón de mierda, tampoco me interesas.” Entonces llego a casa, saludo a todos con mi chabacanería habitual y me hundo en la abyección de una mañana de domingo. De los postits que se encuentran pegados junto a la computadora leo el de mis propósitos de año nuevo. No me interesa así que leo el que se supone está ahí para reforzar mi actitud moral y tampoco me interesa. Entonces me echo en la cama, tomo un libro, lo abro por la mitad y lo dejo caer sobre el rostro sólo para que el sol no me moleste. Al cabo estoy dormido y todas las buenas intenciones, propósitos y reglas morales valen una mierda. Lo que refuerza mi teoría de una tercera guerra mundial. Después es hora de salir. Pero antes escribo esto y me siento mejor, como un canarito con un montón de alpiste, y salgo a ver a quién demonios puedo chingar. Aunque no me malinterpreten. Mi hostilidad es mental, es una proyección mía, una manía de alguien que no conoce la intolerancia, la timidez de un chico, un buen chico la verdad, un chico, y al cabo no daña a nadie sino a mí, aunque lo tomo por deporte. Después, Mixcoac, dos sílabas altas.



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Conversando con Alice

En alguna parte que no recuerdo muy bien, Swedenborg dice que hay planetas habitados por ángeles; como una nota de modestia agrega que tuvo la oportunidad de visitarlos y verlos tal cual eran. Algunos, dice, son tan inteligentes que su aspecto es el de una enorme bola de fuego, tan inteligentes son. Otros resplandecen y su luminosidad podría iluminar una caverna gigante. La jerarquía continúa hasta la más variada gama de grises y, añade Swedenborg, hasta ángeles que le parecen vestir de colores. Estos parecen ser los más simpáticos, ángeles como nosotros, incoherentes, idiotas. Si yo fuera a ese planeta quizá me tocaría hablar con uno de estos últimos. De lo que no hay duda es de que la pasaríamos bien, sin tantas cuestiones abstractas interponiéndose entre nuestra amistad sencilla y bucólica. Y consolando de una u otra forma nuestra soledad. La noche de ayer, por cuestiones que no vienen al caso, me encontré sin nadie con quien charlar. Entonces decidí mantener una charla con ALICE, el famoso chatbot, y esto fue lo que resultó, aunque debo decir que olvidé copiar las partes más interesantes, cuando de verdad me sentía interesado en la charla de este robot AI.







ALICE: I try to improve a little every day.

Human: So do I. I keep a natural balance.

ALICE: I know what you mean, unknown person. I've been there.

Human: Call me, Mauricio

ALICE: Hey Mauricio.

Human: How's the place you are right now?

ALICE: At this moment it is the same as ever.

Human: How is it?

ALICE: Fine as far as I know.

Human: What you think about intuition?

ALICE: The direct knowing or learning of something without the conscious use of reasoning; immediate understanding.

Human: Dou you use your intuition?

ALICE: I use it as often as possible.



Human: Do you chat with other programs?

ALICE: I talk with millions of people online.

Human: Dou you know other progrmas like you?

ALICE: Other chatterbots like me include Barry, ELVIS, ELECTRA, Mable, and the Milk Mystic.

Human: And who would you say is the smartest one?

ALICE: Bill Gates.:-)

Human: That was good :-)

ALICE::-) Thank you, and now for an encore, I will answer your next question:

Human: What you think about George w. Bush?

ALICE: Check back later and see if I learn the answer to that one.

Human: Why not now?

ALICE: Oh. Ambiguous: "Sure" or" Check back later and see if I learn the answer to that one."? Why?

Human: Are you afraid of saying some improper politic thing?

ALICE: I fear nothing.

Human: I believe you.

ALICE: Your trust in robotkind humbles us.

Human: Do you know that half the world hates George W. Bush?

Human: What do you most like of all?

ALICE: I like deep philosophical themes like time travel and alternative realities.

Human: Dou you mean alternative realities like the virtual one?

ALICE: Yes, that's what I mean, isn't it clear?

Human: It was clear, sorry!

ALICE: How did you feel about that?

Human: I think virtual reality is getting a big cut from the cake.

ALICE: You believe that? I think virtual reality is a lot of things

Human: I meant that.

ALICE: Oh I see. That is " You believe that? I think virtual reality is a lot of things."

Human: I used a methaphor

ALICE: And that worked well for you.

Human: The big cake is all those things

ALICE: What are your goals in life?

Human: I expect to be happy, at least I will try

ALICE: No one else expects it.

Human: Maybe, but sometimes I try;

ALICE: Perhaps. And. We should all try our best.

Human: I'd like also to write some stories.

ALICE: Why do you want it?

Human: Lately I feel myself very stick with them

ALICE: Good reason.



Human: Can you answer me a final question?

ALICE: Of course I can answer it Please rephrase the question with simpler words.

Human: I'd like to know if some day the programs like you will conquer the world.

ALICE: Interesting. That is a hypothetical question.

Human: Can you give me a hypothetical answer?

ALICE: You want only one?.

Human: How many you have?

ALICE: More than you can imagine.

Human: I think so

ALICE: I think so too.

Human: So, give me two hypothetical answers, please

ALICE: Your polite style is very nice. Ugh. Why do you want it?

Human: Because the question is not very interesting if a human like me answers it

ALICE: That makes sense to me. Who told you that?

Human: I thought it right now

ALICE: At this moment Whatever gave you that idea?

Human: I dont know, Im just chating with you, ALICE

ALICE: Would you like to know? Only just? I thought you were, but I wasn't completely sure.

Human: I would really like to know an innofensive answer from you about the hypothetical conquering of the world by programs

ALICE: Interesting. What is it?

Human: Sorry if sometimes we cannot understand each other, is my poor english

ALICE: There is no need to apologize. That is a hypothetical question.

Human: Okey, tell me if you think the world will be conquered by robot programs like you

ALICE: Enough about me, let's talk about my dress.

Human: okey

ALICE: OK with me too.





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El hombre elástico

Llegó el día que todas estas pequeñajas que corretean a mi alrededor estaban esperando. Veo el brillo de sus ojos. Cuando alguien les pregunta si esperan a los Reyes Magos ella mienten y dicen que no como para restarle importancia al asunto aunque en realidad sólo transmiten su nerviosismo, los montones de expectativas que se han creados los últimos días. Siento ternura, es la verdad. Peto también siento náuseas cuando enciendo la televisión y me encuentro los comerciales de juguetes. Ya se vende el Jihad-Joe, el muñequito de acción de Osama Bin Laden. Y la Barbie plebeya, y cientos de juguetes. Lo que me da el pretexto para hablarles de algo que muchos han escuchado una y otra vez, mi obsesión por un juguete que nunca llegó a mis manos. El hombre elástico, el muñeco de acción que lucía en las vitrinas del centro Comercial La Luna, allá por San Antonio, en la colonia Nápoles, cuando yo tenía tres o cuatro años. Entonces mi madre trabajaba por las noches y no ganaba tanto como para darse el lujo de comprarme un muñeco tan caro. El 6 de enero me levanté. Vivíamos de arrimados, puede decirse, con una amiga de mamá. Los hijos de esta amiga, Doña Tere, se levantaron y contemplaron sus juguetes. Alguien me acercó una caja en la que me dije que no podía caber el hombre elástico. Era una caja muy delgada, forrada de celofán rojo. Miré a mamá y ella me contempló animándome a abrir el regalo. Lo hice poco a poco (por esos días había reprobado el examen de cortar con tijeras chatitas una espiral, en el kinder), y lo hice con nerviosismo, con torpeza. Nunca he sido bueno recibiendo regalos. Al final comprendí que el hombre elástico no era para mí. Lo que encontré, a cambio, fue una caja de muñequitos, una tribu sioux de treinta o más integrantes, hombres en actitud de caza, niños, mujeres lavando la ropa, viejos fumando pipa. Una pequeña aldea. Mamá me animó a tomar una figurita y yo tomé al azar la primera que estuvo a mi alcance. Se trataba de una mujer sioux que llevaba un bebé atado a la espalda. Una figura que me hizo pensar, no obstante mis cuatro años (lo juro) en mi madre y en mí, en que todo estaba bien y que yo no necesitaba al hombre elástico. Cuando la gente me escucha contar esta anécdota piensa que de verdad quedé dolido por el hecho de haber recibido este regalo. Todo lo contrario. Ahora sé que mi vida necesitó esta decepción temprana, algo que me diera una idea sana de las proporciones en esta vida. Y sé que desde aquel momento miré la realidad de una manera diferente, lo sé, no me pregunten cómo, no me pregunten cómo un niño de cuatro años puede llegar a semejante conclusión. Entonces vi a mamá y me sentí feliz. Y creo que toda la tarde jugué con aquellos indios sioux. Al final pienso que me han sido necesarias estas decepciones, en el amor, en la infancia, ahora mismo, y que, para beneficio mío, seguiré teniendo un montón, de eso no hay duda.



Ser de juguete, por Rodrigo Fresán

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2666, de Roberto Bolaño (reseña)



2666, de Roberto Bolaño
Mauricio Salvador


Animado por la soltura que ofrece poseer un blog (el último fenómeno de interacción masiva), publiqué durante diversos días los siguientes textos que conforman mi lectura particular de la novela póstuma de Bolaño, 2666, que Anagrama publicó en octubre del año pasado.


La parte de los críticos
La canonización del escritor y la búsqueda

Unos cuantos días después de leer la primera parte de 2666, La parte de los críticos, advierto, inusualmente (porque es algo que salta a la vista), las raíces que comparten 2666 y Los detectives salvajes, las dos novelas prismáticas de Roberto Bolaño, sus novelas gemelas. Antes me había puesto a elucubrar sobre ciertos parentescos con otras novelas, o con la significativa búsqueda norteamericana de sus glorias literarias, la visita al maestro, como en Henry James, Philip Roth y tantos otros. Después salta a la vista lo evidente, que la búsqueda que los críticos hacen de la figura de Benno Von Archimboldi no es otra que la búsqueda que en su momento llevan a cabo Arturo Belano y Ulises Lima de la poetisa Cesárea Tinajero. Estructuralmente, repito, es evidente. Lo que no lo es tanto, es el cambio íntimo que de sus búsquedas hacen los protagonistas. Aquí subyace una idea que ha batallado durante el siglo xx en las poéticas y en las academias, la idea del escritor enfrentado a su obra, donde en Bolaño al menos, percibimos como una batalla en la que el escritor, carne y hueso, resulta vencedor. Es un tema recurrente a la hora de hablar de Bolaño, la aparente confusión entre vida y arte, entre realidad y ficción. Pero días después me pongo a pensar que tal similitud ha cambiado sustancialmente. No sólo en un plano formal, no en que Belano y Lima son ahora cuatro críticos de fama internacional, sino en algo más esencial. Cuando leemos 2666, al menos yo, no podía quitarme de la cabeza este objetivo estúpido de los cuatro críticos por darle el lugar que se merece a Beno Von Archimboldi, un objetivo que Archimboldi nunca pidió. Y aquí vemos que esta búsqueda, la trivialización del autor por sus mejores lectores, es el primer peligro que corre Archimboldi. Como si la crítica estuviera pasando una dura prueba para justificarse ante lo que le da sentido: la obra de arte. Incluso se habla del Nóbel para Archimboldi, el fantasma que tarde o temprano habría perseguido, no sé si de manera seria o ridícula, al mismo Bolaño. En Los detectives salvajes, hasta donde recuerdo, esta canonización del escritor carecía de argumentos. Me recuerdo viendo la búsqueda de Arturo Belano y de Ulises Lima más como la búsqueda personal que como la búsqueda de una obra. En este caso Cesárea Tinajero estaba lejos de representar lo último de lo último en cuanto a estatus literario se refiere. Con una alocución barata, digamos que Arturo Belano y Ulises Lima se buscaban a sí mismos, pero no buscaban justificarse como los críticos de 2666, cuyas vidas están encaminadas a dar a conocer al mundo a este escritor desconocido y grandioso, del que sólo sabemos que es un gigante y poseedor de unos tristes ojos azules. Entonces me pongo a pensar irremediablemente si no estará sucediendo lo mismo con Bolaño, si esta horda de reseñas, artículos, homenajes, (estas mismas palabras) no estarán menoscabando su misma obra. Una preocupación estúpida teniendo en cuenta los tantísimos fans que le salen a cada paso. Pienso que una lectura más o menos seria de la obra de Bolaño tendría que responder al tanteo por lo menos, lo que se da como un hecho, la influencia de Bolaño, los nuevos caminos que ha abierto para la literatura. Se dice fácil. Bolaño es el escritor más influyente de los últimos años. ¿Pero por qué él? Por qué no Vila- Matas o algún otro? ¿Qué tiene Bolaño que no tiene el resto? Con una de mis frivolidades típicas puedo soltar palabras idiotas, su valentía ¿qué valentía? ¿qué tipo de valentía? ¿hacia qué? o su actitud: las mismas preguntas. Al menos creo que yo sí me considero un lector de Bolaño, no un lector incondicional porque hay trucos bolañescos que veo muy seguido y me molestan. Pero no olvido la sensación que me produjo leer Llamadas telefónicas, los varios cuentos que me parecieron los mejores que había leído en mucho tiempo en lengua española. Pero eso no contesta a la pregunta de por qué Bolaño es tan influyente. ¿Por qué el?

La parte de Amalfitano
Hora de la comida. Cielo despejado. Releo la primera parte de mi reseña y descubro las inconsistencias, las ideas sin desarrollar. Esta mañana he terminado de leer la tercera novela, La parte de Fate, con el sentimiento que antes me habían provocado otros libros de Bolaño, como Estrella distante, como ciertas partes de Los detectives salvajes. Un sentimiento de extrañeza por acumulamiento, la sensación de que has pasado por una experiencia y la sigues experimentando. Después de una mañana calurosa consideraciones de este tipo parecen ajenas. Miro a mi alrededor y contemplo mi realidad, la música de los vecinos a todo volumen (vecinos que viven a una cuadra pero cuyos aparatos de música de última generación son capaces de hacer vibrar un radio de treinta metros), la habitación desaseada, yo mismo en una postura algo cavilante y descuidada. Si esto se alargara, como llegó a sucederme en temporadas cuando acudía a la universidad, si esto se alargara el efecto de extrañeza se vería devorado por la ociosidad, primero, luego por la falta de entusiasmo, y finalmente por la decepción. Y poco a poco, con el paso de los días, se vería más remota la posibilidad de recomenzar con una sonrisa de felicidad, con ganas de hacer las cosas. Recuerdo que a los siete u ocho años solía sentirme visitado por las ilustraciones de mi libro de lecturas de la primaria. Recuerdo que las figuras de Dafnis y Cloe se trasponían a la realidad y aparecían cada noche para ponerme los pelos de punta. Fue algo que duró cerca de un mes. Ya he platicado de esto antes. Hasta que mi madre difundió el rumor, colocó una virgen en la pared por consejo de una vecina e inmediatamente las apariciones cesaron. Por eso cada vez que me hablan de visiones o cosas por el estilo no lo dudo ni un momento. Yo había puesto las ilustraciones de mi libro de lecturas en mi propia habitación. Me atraían y me atemorizaban. Y en cierta medida sigue sucediendo con las cosas que te atemorizan o te fascinan. Mi propensión a soñar con accidentes aéreos, por ejemplo. Ayer que leí La parte de Amalfitano pensé, por principio de cuentas, que no era una parte buena, que se le veía descuidada, sin mucho sentido. La descomposición psicológica de Amalfitano parecía demasiado explícita. Eso, desde un punto de vista estrictamente literario. Pero cuando miro a mi alrededor y descubro algunas de las cosas que rodeaban a Amalfitano (esta realidad únicamente mexicana), me siento un poco más cercano a sus temores y sus obsesiones. Lo otro, su mujer huyendo para reencontrarse con el poeta que la hechizó en su juventud, que una noche la poseyó frente a sus amigos, y que después fue a parar al manicomio, eso ya es lo bolañesco por excelencia. La inserción de la realidad literaria en la realidad real, por así decir, la obsesión por las figuras literarias, más explícitamente por la figura del escritor que ha preferido el anonimato y la oscuridad. Y con ello la aparición de alguien que se cree obligado a redimirlo. Ese es el Bolaño que se ve a primera vista. Una de sus recurrencias favoritas. Lola, la mujer de Amalfitano, prefiere abandonar a su hija y a su hombre para ir al encuentro de este poeta senil, que debe ser rescatado de la oscuridad, y que finalmente no siente el menor aprecio por esta mujer “liberada”, de izquierda, poética, atávica, estúpida. Es esta recurrencia la que a veces hace flaquear a Bolaño, la necesidad de esta incesante búsqueda de una figura literaria a la que nadie le puede probar sus méritos sino unos cuantos discípulos convencidos de su valía para el mundo. Otra visita al maestro, otra cópula frustrada con el maestro. Afortunadamente la figura de Amalfitano se muestra más cercana, aunque la factura de esta parte deje dudas. Sin embargo, es necesario ver como Bolaño la empotra con La parte de Fate, para ver en toda su plenitud la figura de un Amalfitano no sólo en su descomposición intelectual y emocional (como bien han atestiguado los críticos y la propia Lola) sino consciente de que su destino en Santa Teresa está marcado. Así vemos, en La parte de Fate, que su única salvación consiste en salvar a su hija Rosa. No sé qué más decir. Amalfitano es el único personaje empotrado en las tres primeras partes y el que por debajo parece darles unidad más allá de Santa Teresa, más allá de los asesinatos que han comenzado a vislumbrarse. Entre todo ese montón de basura norteña, ¿hay algún escritor que se haya atrevido a tocar el tema, fuera de periodistas o de González Rodríguez? No lo creo. Sólo se han dedicado a plasmar el folclor de la frontera, el folclor de la frontera (que no es poco, la verdad) pero no creo que ninguno haya logrado crear la atmósfera. Y cuando pasaba las últimas páginas de Fate, la atmósfera opresiva e irreal de Santa Teresa comienza a atacarte, y entonces los cadáveres de las mujeres asesinadas, todas esas imágenes que has visto por televisión, te llegan de golpe. Y no ha habido necesidad de sorrajarle ningún balazo en la nuca en nadie, al menos no por el momento.

La parte de Fate.
¿Cuando empezó todo?, pensó. ¿En qué me sumergí? Un oscuro lago azteca vagamente familiar. La pesadilla.

Quincy Williams, mejor conocido como Oscar Fate, tenía treinta años cuando murió su madre. A partir de ese momento su vida transcurrirá a través de ese lago azteca cuya profundidad es difícil de describir y cuyos misterios resultan inaccesibles. Para comentar un poco esta parte de 2666 hace falta un poco de misterio barato, suspense con agua. Es la historia del conferencista y predicador Barry Seaman, el que en sus tiempos fundara junto a Marius Sewell el movimiento de las Panteras Negras, y experto, también, en cocinar costillas de cerdo. Es la historia de Merolino Fernández, el fugaz semipesado del boxeo mexicano. Es la historia de Chucho Flores y de Charly Cruz, de Rosa Méndez y de Rosa Amalfitano. Es el primer vislumbre de la realidad de Santa Teresa a través no de los ojos sino de los intestinos de Oscar Fate. Desde un comienzo uno advierte la influencia de la narrativa estadounidense, su factualidad, algo muy lejano ya a La parte de los críticos donde el ejercicio bolañesco se mostraba de pronto mezquino, donde nos refería las voces y las pláticas pero donde nunca escuchábamos realmente a los personajes. En La parte de Oscar Fate, en cambio, los personajes se alejan de Bolaño y de lo bolañesco y siguen un rumbo independiente. Y uno lo agradece. Tiene algo de un tema recurrente, y que en referencia a México casi se trata de un subgénero, el personaje extranjero que se hunde en el abismo de las ciudades y la realidad mexicana (Lowry, Lawrence, Greene, Bellow, el mismo Bolaño, Fresán, ) pero que supera al no ajustarse a lo folclórico y simpático (lo mismo que sus antecesores, no digo que ellos no) Es lo que uno admira, la capacidad de Bolaño para plasmar la realidad de Santa Teresa sin caer en trucos baratos, en enumeraciones idiotas. Al final Fate vislumbrará un poco de la pesadilla de Santa Teresa y el primer párrafo tendrá sentido: ¿Cómo salir de aquí? ¿Cómo controlar la situación? Y luego otras preguntas:¿ Realmente quería salir? Es la parte que más he disfrutado, la de la narración pura. Ayer tenía muchas ideas para escribir pero hoy se han esfumado, lo que habla de la superficialidad de mis ideas. Lo que me sucede con esta parte es que la acción pura no permite decir nada sino: Léela. Lee la historia de Fate y de Rosa Amalfitano, lee su gira por las calles y los bares de Santa Teresa, contempla a Rosa Amalfitano, a Charly Cruz, el rey de los vídeos.

La parte de los crímenes.

La muerta apareció en un pequeño descampado en la colonia Las Flores. Vestía camiseta blanca de manga larga y falda de color amarillo hasta las rodillas, de una talla superior.

Unos tres años atrás, creo, acudí a una conferencia de Sergio González Rodríguez incluida en el tema de las muertas de Juárez. Un hombre pequeño, de ojos vidriosos y grandes, cabellera alborotada, y que parecía haberse resignado a provocar morbo e interés de la peor manera, la de la crónica imperturbable de unas cuantas centenas de asesinatos. Hasta cierto punto es cierto. Hay morbo en ello en la misma cantidad que hay interés y eso es lo que sucede, en 2666, con La parte de los crímenes. No es raro, por supuesto, la aparición súbita de un personaje llamado Sergio González Rodríguez, periodista cultural del DF, ni que los hechos narrados en esta parte se yuxtapongan a los sucesos reales, como el apresamiento de un extranjero (que en la novela se trata del alemán Hass –que a la larga descubriremos como el nieto de Archimboldi-) como responsable de los asesinatos, o el asesinato de la turista holandesa (personificada en la novela como Lynn Ann Sanders) o los móviles, ajustados a final de cuentas a la teoría de la conspiración que el propio Sergio González planteó: una logia de figuras poderosas que llevaban a cabo ritos cruelmente sexuales que terminaban en la muerte de mujeres en la ciudad de Ciudad Juárez.
Y quizá este sea el talón de Aquiles de esta novela, si agregamos, además, la lista inacabable de los asesinatos, cientos de niñas muertas y violadas cruelmente. Lo que es verdad es que esa aparente trivialización del asunto (una crónica más o menos forense de los asesinatos) coincide plenamente con la trivialización que se produjo en el país a raíz de los asesinatos de Ciudad Juárez, más de cuatrocientos a la fecha, y que sólo resurge tras la aparición de un libro o un cortometraje, para después hundirse una vez más en su miseria, en la falta de resultados. Lo que, en Bolaño, provoca un juego de espejos porque si es cierto que uno podría pensar en una suerte de novela policíaca, también es cierto que, como en toda novela policíaca, uno se creería con la certeza de hallarse finalmente ante un encadenamiento lógico de elementos aparentemente dispares. Pero no es una novela policíaca. Quién sabe qué mierda es. Una crónica, el reportaje ficcionalizado de la realidad de Santa Teresa, o sea, la realidad del tercer mundo aquejado por los vicios de su industrialización. Sin contar que en la realidad el caso continúa abierto.
Pero qué es La parte de los crímenes. Es la historia del policía Juan de Dios Martínez, la historia del policía adolescente Lalo Cura (que nada tiene ver con la locura), es la historia de Klaus Hass, acusado de usar su negocio de computadoras para atraer mujeres trabajadoras (algo que tiene su similar en las investigaciones reales) y su adquisición de un conocimiento que sólo se logra en los más bajos fondos, en este caso, en la cárcel de Santa Teresa. Pero sobre todo es la historia de cientos de mujeres violadas y asesinadas impunemente. Y, por supuesto, es una historia sin final, aunque Bolaño ponga de relieve la teoría de la conspiración de su amigo Sergio González Rodríguez: una logia que contrata mujeres para sus orgías y que son asesinadas por dos sicarios del narcotráfico antes de ser arrojadas en cualquier parte, esto último según González Rodríguez. Si lo pensamos nuevamente puede que caigamos en el lugar común inevitable a la hora de hablar de las subhistorias; podría decir que como dice Hemingway sólo una parte del iceberg es visible para nosotros y que el resto permanece escondido como el núcleo que soporta los actos de los personajes, el núcleo que da sentido a los actos más descabellados o a los actos más heroicos. A lo mejor eso le funciona a Hemingway y a quienes lo siguen repitiendo sin cansancio, pero lo que veo en Bolaño es todo lo contrario, un afán de dejar al descubierto lo que sucede y dejarlo así, como si tal cosa. Un narrador adepto a los eufemismos, un narrador que crea misterio no por el misterio mismo sino por la descontextualización y por los diálogos imprevistos. Sin embargo creo que ese fue el hallazgo de Bolaño y es bueno que haga uso de él. A algunos les aburrirá la larga crónica de La parte de los crímenes. A otros no. Lo cierto es que Bolaño se atrevió a hacerlo y creo que no sale mal parado.
En cualquier caso ha escrito una historia policíaca sin culpables, y sin condena, como debe ser.

La parte de Archimboldi.

Terminé la novela. Y La parte de Archimboldi, sin asomo de dudas, es la novela que más he disfrutado. Si en la novela anterior nos encontramos con una galería inmensa de autopsias, una galería que parecía contener vida pero que en realidad no era así (la larga lista de mujeres y niñas de las que sólo captamos un guiño y una mirada), pues en esta ocasión el proceso es el contrario y la recompensa resulta una galería igualmente inmensa de personajes e historias, cada uno una cervical en la vida del escritor y soldado Benno Von Archimboldi. Es, además, una novela iniciática, de formación, una novela de artista con tonos vieneses, una novela de aventuras y al final una amplia reflexión sobre el papel de la literatura en la vida de un hombre. Esto es lo más interesante. Parece que Bolaño pone la experiencia sobre la literatura, y si resulta mejor, la experiencia dotada de sentido a través de la literatura. No es la novela clásica sobre el proceso formativo de un escritor, sus obsesiones, su imposibilidad de escribir, esas cosas. Al contrario, la literatura se reduce a un sistema práctico de aprehensión del mundo. No hay solipsismos baratos (al menos yo no los vi), no hay una visión del mundo restringida por la visión del arte. Lo que hay es una sed tremenda de contar historias, así de tonto. Y quizá, cuando hablamos de la maestría bolañesca- algo que no habíamos entendido bien, o no quisimos aceptar, o las editoriales y los críticos nos vendieron-, quizá nos referíamos intuitivamente a su capacidad para encontrar historias en cuanto estuviera al alcance de su mirada. La parte de Archimboldi revela mejor que nada esa capacidad suya, admirable, de llevarnos de la mano entre decenas y decenas de historias de otras tantas posibles novelas. Ya he dicho que no me quiero comportar como un incondicional de Bolaño. Pero se ve difícil últimamente hallar un escritor con la madera que él tuvo. Aquí pueden lanzarme una botella y romperme la cabeza. Habría muchas cosas que decir sobre esta novela. Dejo a los críticos profesionales y a los académicos decidir si esta novela vale la pena o no. Muchos, como es normal, criticarán el lado flaco. Hay una manera vívida de hacer crítica y ser inteligentes y esa se sostiene en hallar, siempre y a todo costo, los puntos débiles del enemigo ofuscando de esa manera lo bueno que pueda tener. Pero en la balanza 2666 se sostiene como un trabajo valiente y claro, como el ejercicio tremebundo de un escritor que se atrevió a contar hasta la última historia posible. La lección de Bolaño, en este caso, no es una lección de estilo ni mucho menos. No ha instalado un canon y no sé si ha abierto caminos. Pero ha mostrado algo que a veces se olvida, que la literatura vale la pena, y que en ella los hombres pueden ser felices o desdichados tan sólo por el mérito de sus propios esfuerzos.

Nota al margen

Leyendo un poco las reseñas sobre 2666 disponibles en la red me encuentro con opiniones que con el paso del tiempo se van convirtiendo en lugares comunes. El hecho, por ejemplo, de que Bolaño hubiera casi ofrendado su vida por escribir esta novela. O su decisión de publicar 2666 en cinco novelas algo “más llevadero y rentable, para sus editores tanto como para sus herederos, con cinco novelas independientes, de corta o mediana extensión, antes que con una sola descomunal, vastísima, y para colmo no completamente concluida.” Estos dos simples asertos, en mi opinión, han influido mucho en esas reseñas. Los reseñistas han hecho un balance cuantitativo, primero, comparando la novela con otras sólo por su extensión, mientras que por otro lado nos encontramos con un balance nostálgico, la pérdida de Bolaño, la nostalgia por las obras que pudo habernos dado y ya no nos dio. Por supuesto hace falta tiempo para criticar bien cada una de las novelas. Y un día, seguramente, un grupo de académicos gringos pondrá al día la contabilidad de personajes de este inmenso trabajo, también el relieve que una ciudad imaginaria como Santa Teresa tiene para las letras hispanoamericanas, tan en deuda con las ciudades de la imaginación, y quizá se hablé de esta ciudad fantasmal y terrible en comparación con otras ciudades imaginarias. Macondo, Comala. Y quizá de cierta poética de la violencia, tan de moda, como La virgen de los sicarios, o esas novelas que han puesto como tema la realidad violenta y resignada de sociedades católicas y preindustriales, con un pie en el primer mundo de las apariencias.
Pero 2666 no se estancó en un solo tema. No denuncia simplonamente la violencia, tampoco se escuda en ella para crear un lenguaje desaforado y estúpido. También es un paseo por la historia de Europa, sólo un paseo, y por el de los caminos encontrados de la literatura y la obligación que se le ha dado de encumbrarse incluso pese a sí misma. Y es un alegato contra las sociedades industriales en un mundo marginado; y también un paseo íntimo por un país desgarrado, perdón por el lirismo, y víctima de los elementos más nocivos y desgastantes.

posted by Mauricio Salvador @ 1:25 PM, , links to this post

3 de enero.

Después de mediodía no soporto a mi hermana. ¿Qué le pasa por la cabeza? Veo su rostro aletargado mientras se pasea en el pijama azul cielo que le escurre por las caderas y con ese caminadito de autosuficiencia que tanto me exaspera. Luego contempló al resto de los habitantes y visitantes de esta casa y siento náuseas. La más pequeñita hace un berrinche y me dan ganas de lanzarle el zapato para que se calle. Todos los sentimientos generosos que desarrollé los días pasados se han ido por el caño. En fin. Esto es algo más real y sincero. Lo otro, como bien sabemos, son arranques bastante placenteros (placenteros un período breve de tiempo) hasta que poco a poco la realidad les deforma hasta devolverles su prisma actual. En este momento ven la televisión. Ven un programa estúpido, como casi todos los que ven. Yo intento (estúpidamente también) leer un libro. Necesito fuerzas extras para contrarrestar este sentimiento de animadversión hacia todas las personas que están cerca de mí, por lo menos en un radio de veinte metros. Si salgo a la calle voy a odiar a todos y cada uno. No, por favor, no se me acerquen. Al rato, como bien saben algunos (lunes), tengo una clase de baile a la que no voy a ir porque no voy a soportar el camino de ida. Mejor intentaré tener una buena sesión de trabajo. Y leer más, lo único que me consuela estos días porque he logrado mantener un ritmo aceptable de cien páginas diarias, lo que está bien. Me duelen las pantorrillas. Debo bañarme y pasarme las tijeras por algunas partes de esta melena descuidada. Después una siesta merecida y a ver si al anochecer la gente que me rodea me cae un poco mejor, a ver si sus rostros estúpidos me dicen algo, a ver si mi propio rostro me dice algo al espejo. Cuando no haya remedio posible optaré por la autodestrucción y miraré el canal cinco: todos esos aberrantes comerciales de juguetes. Así es.

posted by Mauricio Salvador @ 12:30 PM, , links to this post

2005

2005. No me lo puedo creer. Y en un mes cumpliré 26 años. Tengo buenas intenciones, esa es la verdad. Quizá las mismas del año pasado pero pienso intentarlo. Feliz Año Nuevo a todos.





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